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*Star*

"No puedo pedir lo eterno,a un simple mortal"

¿Quién cuida a la niña de Rajoy? (Pablo Ordaz)

Hay una pregunta que los periodistas de la caravana electoral del PP tal vez deberían plantear a Mariano Rajoy: ¿Quién cuida a sus hijos cuando usted y su esposa están trabajando? Seguro que el líder del PP, tan campechano él, respondería sin dar mayor importancia a la pregunta, pero si la considera demasiado personal -y está en su derecho- no habría mayor problema en replantearla así:

-Señor Rajoy, ¿quién cree usted que está cuidando ahora en España a esa hipotética niña ideal a la que usted se refirió el lunes pasado al final del debate? ¿Quién lleva al colegio a esa niña hacendosa que estudia idiomas y que un día será un "heraldo de la libertad" y sentirá "un hondo orgullo" de ser española? ¿Quién le plancha el uniforme del colegio religioso concertado, friega su cuarto y tal vez se ocupe de que su abuela no se caiga al salir del baño? ¿Quién lo hace en muchos casos por nueve euros a la hora y sin contrato?

Hay quien está convencido -maliciosos los hay en todos los sitios- de que Rajoy saldría del atolladero con una respuesta evasiva seguida de una sonrisa del tipo "¿un bonobús, y eso qué es?, je je je...", pero seguramente están equivocados. Rajoy sabe, como sabe cualquiera que salga de vez en cuando a la calle, que un número considerable de niños y también de ancianos son atendidos a diario por mujeres de otros países. No es una realidad oculta ni subterránea, está ahí, y fluye con toda naturalidad. Cada vez más familias españolas, por encima de su color político, confían lo más frágil y lo más querido de la casa -los niños, los abuelos, los enfermos...- a mujeres de otros países que llegaron al nuestro para intentar mejorar su vida y la de sus familiares. En muchos casos niños pequeños que, no sin desgarro, se quedaron en la otra orilla del Estrecho, del Atlántico o del antiguo telón de acero. Los locutorios que inundan nuestras ciudades se llenan al atardecer de hombres y mujeres que ponen conferencias para saber si sus niños se encuentran bien, estudian lo adecuado o tienen malas compañías.

Seguramente Rajoy ya sabrá -porque el dato procede de un informe reciente del Ministerio de Trabajo- que dos de cada tres niñeras son extranjeras. Y que la mayoría de las mujeres que cuidan niños o son empleadas de hogar proceden de países que no pertenecen a la UE. También sabrá -en el debate se le vio muy bien documentado, más documentado que Zapatero- que, según la revista Consumer, "el 90% de los cuidadores de personas dependientes son inmigrantes que aceptan cobrar salarios más económicos y realizan largas jornadas de trabajo". ¿Qué pasaría si, de la noche a la mañana, este país prescindiera de los inmigrantes?

El PP, en sus últimas intervenciones de campaña, no ha puesto el foco en esa realidad, sino en la que afecta al lado oscuro. Y es verdad que a veces, desde esos locutorios, se hacen llamadas que no buscan el afecto de los hijos que crecen tan lejos sino noticias sobre un cargamento de hachís o las últimas consignas para dar un buen golpe, pero el hecho de que, desde la tribuna acalorada de un mitin, se intente mezclar ambas realidades, salpicar lo general con lo anecdótico, es peligroso y tal vez inmoral. De ahí que en las últimas horas se esté produciendo una reacción muy contundente -por parte de colectivos muy variados- a las palabras del líder del PP. La respuesta tibia de Zapatero -quizá por sorpresa o quién sabe si por cálculo electoral- también está siendo analizadas por su círculo de asesores. El lunes -en el segundo y último encuentro- se podrá ver hasta dónde Zapatero y Rajoy están dispuestos a llegar.

Hace un tiempo la escritora Elvira Lindo publicó un artículo emocionante en este periódico. Seguro que Rajoy lo leyó, y que a él también le emocionó. Se titulaba Sin miedo y hablaba de los hijos de las inmigrantes que van por la calle solos porque sus madres están cuidando a otros niños. "Los veo marchar de la mano, controlando cada paso, llegando a la hora prevista. Van solos al colegio, a hacer recados, a buscar a mamá a barrios lejanos. No tienen miedo, ni su madre ni ellos. Ahí los tienes, parece que van a comerse el mundo".

No es justo que ahora empezaran a tener miedo.

Vict

"...y de repente apareces tú...
te mentiría si negara hoy
que desde entonces solo sueño contigo

tú entiendes mis silencios solo tú
conoces mis secretos solo tú
comprendes cada gesto solo tú

y yo solo quiero entregarme, comprenderte, cuidarte
darte mi corazón...quiero que seas mi alma y mi intención
mi vida y mi pasión, mi historia de amor

 

tú entiendes mis silencios solo tú
me subes hasta el cielo solo tú..."

Naúfrago

Ante todo, un líder político debe dar la sensación de fortaleza, de confianza y de seguridad en sí mismo. La bondad natural no es una virtud muy apreciada por la opinión pública, salvo por algunas abuelas en el chocolate a media tarde. Nunca viene mal que un líder político sea profundamente honrado, pero ninguna cualidad privada sirve de nada si el ciudadano no percibe que ese señor al que va a votar le salvaría en una tempestad si fuera capitán de barco o encontraría una salida con el ánimo levantado en medio de una catástrofe. La fortaleza del político debe estar lo más alejada posible de los gritos y los puñetazos en la mesa, que en la mayoría de los casos sólo ocultan un miedo consolidado. La cólera hay que administrarla en voz baja, como sucede con las blasfemias anglosajonas. King Kong se apaleaba el pecho cuando creía que le iban a birlar a la novia. La dureza de una persona, hombre o mujer, está en la mirada. Por otra parte, un líder político debe usar casi todo su talento en escoger a sus colaboradores y expertos en cada materia y el resto en escuchar al más inteligente y hacer cumplir lo que éste le aconseje sin dar señales de duda o vacilación. Mandar es un instinto. Se tiene o no se tiene. Es un don animal, que equivale sentirse amo de una camada. Quien carece del gen de mando, al dar una orden, se lleva un susto si le obedecen. Cuando se tiene poder y autoridad, gobernar es una cuestión de olfato. Son muy famosos estos consejos de Maquiavelo: si no eres amado, procura al menos ser temido y si te ves obligado a hacer un daño que éste sea contundente y rápido para que el ciudadano lo olvide pronto, pero a la hora de hacer el bien trata de dosificarlo lentamente, poco a poco, para que la opinión pública lo entienda como una felicidad duradera. En medio de la histeria que se va a desarrollar en la próxima campaña electoral, pregúntate cuál de los dos candidatos sería capaz de salvarte si te estuvieras ahogando. Desconfía del que grite o bracee más. La victoria no estará de parte del gallo que mejor maneje los espolones, sino del que más serenidad imparta. Dale el voto al que demuestre que sabe realizar la maniobra de hombre al agua, porque en el fondo, como elector, no eres más que un náufrago.

 

Manuel Vicent

Ser de Derechas (Juan José Millás)

A veces, los poetas tienen la capacidad de resumir en un verso teorías científicas o filosóficas a las que los estudiosos en la materia han dedicado centenares de libros. Lewis Carrol expuso en sus alicias un modelo del Universo que astrofísicos de la talla de Hawking llevan años y volúmenes tratando de representar en ecuaciones. A los ignorantes nos encanta que la intuición gane la batalla al conocimiento racional, porque, una vez aceptadas nuestras limitaciones intelectuales, sólo nos queda confiar en nuestro instinto literario. ¿Quién se atrevería a negarnos la posibilidad de que en un sueño se nos revele la teoría de la unificación?

Con la precisión de un rapsoda en trance, Ana Botella acaba de explicarnos de un disparo en qué consiste ser de derechas: en colocarse siempre a la sombra del matón, lo que vale tanto para el patio del colegio como para el de la cárcel, pero también para el patio de la vida. Al matón le gustan los tipos que le ríen las gracias, que le hacen la pelota, que imitan su manera de hablar y fabrican coartadas jurídicas para sus tropelías. El diálogo entre Aznar y Bush a cuatro días de una de las mayores masacres de la historia, parece sacado de Los Soprano. No son, ni de lejos, dos hombres de Estado negociando un acuerdo o intercambiando opiniones sobre la situación política internacional. Son dos facinerosos planeando con una frialdad increíble un golpe que implicaba acabar con miles de personas inocentes, hacia las que no muestran empatía ninguna.

Ser de derechas, según Ana Botella, exige aparecer en la foto en la que el jefe de recursos humanos del planeta te pasa la mano por el lomo con el afecto con el que Bush se la pasa a Aznar en la de Las Azores. A nuestra Ana Botella le encanta esa imagen que sacó a España del rincón de la historia para conducirla a las mazmorras de Abu Ghraib o a las jaulas de Guantánamo. Ser de derechas, ha asegurado la segunda teniente alcalde de Gallardón, consiste en mover el rabo al que tiene una pistola en la sobaquera y juega con un palillo entre los dientes. Quizá haya otros modos de ser de derechas, no decimos que no, pero si es cierto que el que calla otorga, el silencio en torno a las palabras de esta mujer pone la carne de gallina.

El Toro de la Vega (Rosa Montero)

Hemos llegado otra vez al martes negro. Hoy, en Tordesillas, como todos los septiembres, una horda de energúmenos armados con lanzas perseguirán a un toro y lo pincharán, cortarán, empalarán, atravesarán, tajarán allá donde buena o malamente le atinen con los hierros (la tripa, los riñones, la cara, el morro, el pecho y los pulmones, los costados), cientos de lanceros durante horas, en esa sádica tortura que se llama el Toro de la Vega. Como si no hubiera ya suficiente dolor en el mundo, suficiente daño.

Últimamente, a raíz de los terribles abusos en la cárcel de Abu Ghraib, se ha vuelto a hablar del famoso experimento psicológico que se hizo en 1971 en la Universidad de Stanford (EE UU), en el que estudiantes voluntarios fingieron estar dentro de una prisión, unos como reclusos y otros como guardianes. El experimento debía durar 15 días, pero lo interrumpieron al sexto porque entre los guardianes brotaron muchos sádicos feroces, y entre los presos hubo numerosos derrumbes emocionales. Quiero decir que el ser humano es un animal especialmente conflictivo y enfermo, y que dentro de nuestros corazones anida la crueldad. Ya lo decía Konrad Lorenz, el padre de la Etología: "Creo haber encontrado el eslabón perdido entre los animales y el Homo sapiens: somos nosotros".

Pero también llevamos dentro la intuición de la Belleza, y la ambición de ser mejores de lo que somos, y eso nos permite superar nuestros instintos bestiales. Esos vecinos de Tordesillas (que no son todos, sino sólo una parte) que se empeñan en llamar fiesta al salvaje, perverso y lentísimo tormento de un animal, y que llevan allí a sus niños para que se les encallezca el alma y se eduquen en la psicopatía de gozar con el sufrimiento de un ser vivo, están fomentando la parte más enferma y más dañina de su personalidad. Están cultivando justamente esa zona atroz e inhumana que condujo a los excesos en Stanford, que creó torturadores en Abu Ghraib. Esto que digo no tiene nada que ver ni con la honra de Tordesillas ni con la tradición. Esto tiene que ver con el constante esfuerzo de los seres humanos por civilizarse. Por favor, que los lanceros intenten superar esa pulsión sanguinaria y cruel tan patológica. Que aspiren a ser mejores de lo que son. 

salvajes

No es mi intención amargarte las merecidas vacaciones ni estropear el delicado deleite de los baños marinos con medusas, pero debo recordarte que, aunque cuando nos vamos de veraneo nos parece que la vida se detiene, lo cierto es que en el estío a menudo suceden cosas tremendas, amparadas precisamente en la dispersión y el descuido veraniego, en la falta de atención y la galbana. Más de una vez se han tomado medidas políticas impopulares en plena canícula para colar el asunto de tapadillo, y es probable que si Del Olmo hubiera hecho la tontería de secuestrar El Jueves en agosto, en vez de hacerlo ahora, la pifia hubiera pasado más inadvertida, porque cuanto más al centro del verano nos vamos, más pasotas nos volvemos. La maldición estival, en fin, puede llegar a ser verdaderamente grave. La primera guerra del Golfo empezó con los iraquíes invadiendo Kuwait en agosto. Y nuestra guerra civil estalló un 18 de julio.

Pero, al margen de otras posibles malas noticias, hay una auténtica tragedia que sucede todos y cada uno de los veranos. El estío, en España, es sinónimo de tortura y de barbarie. Hablo de las llamadas fiestas populares, es decir, de diversas hordas de energúmenos, a menudo borrachos, que, para divertirse, se dedican a martirizar hasta la muerte a seres vivos. Gansos a los que arrancan la cabeza a tirones, burros apaleados, toros supliciados en las más infinitas variedades del sadismo. Qué extraño país éste, que presume de moderno y civilizado, que está entre los más ricos de la Tierra, que cree vivir en el siglo XXI y que luego, en cuanto llega el calor, se llena de tropillas de feroces salvajes que hacen sacrificios de sangre a ídolos bárbaros, pues en eso consiste atormentar animales hasta la muerte en honor de unos santos patronos y unas vírgenes. Ya sé que estás de vacaciones y prefieres no pensar y no saber, pero recuerda que, desde el 23 de junio, fecha de la infamia del pobre toro de Coria (Extremadura), al que clavan dardos durante horas, hasta el primer martes de septiembre, con la canallada del toro atravesado por lanzas en Tordesillas, cientos, miles de animales son torturados festivamente en este país, en una apoteosis de crueldad estúpida y siniestra.

 

Rosa Montero 

...

Los jóvenes que se han examinado este año de selectividad nacieron con el Internet, con el móvil, el MP3, el CD, el GPS, el chat y la play-station. A través de la yema de los dedos sobre los distintos teclados su sistema nervioso se prolonga en el universo. En el mundo ya no había muro de Berlín ni comunismo ni guerra fría cuando tomaban la primera papilla, pero al pasar del triciclo a la bicicleta se encontraron con la globalización, con el terrorismo planetario y con los patines de dos ruedas. No saben qué es la mili. Muchos aprendieron inglés en Inglaterra y realizaron intercambios con chicas y chicos de otros países. Los más concienciados aman la naturaleza, son sensibles al ahorro de energía, se molestan en buscar una papelera antes de tirar un envase en el suelo, rechazan la comida basura e incluso cierran bien el grifo del fregadero. Los más descerebrados se excitan cada sábado en el albañal del botellón. Sus padres en la manifestación de izquierdas corearon el pareado: el pueblo unido jamás será vencido. Ellos sólo cantan el oe, oe, oeee al final del partido, cualquiera que sea su ideología. Ese cántico es el himno del siglo XXI, acompañado con la imagen de las Torres Gemelas ardiendo. Esta nueva promoción de universitarios conoció el amor ya en tiempos del sida y aunque en el colegio les explicaron cómo se usa el preservativo, a la mayoría no les da tiempo de ponérselo. Su horizonte es el genoma humano, que comparten con la marca Nike, y si sus padres se estremecieron con Maradona, Cruyff y Butragueño, ellos adoran a Nadal, Fernando Alonso y Pau Gasol. No les interesa la política, les suena vagamente el nombre de un tal Felipe González, no leen periódicos, tienen una idea muy fragmentaria de la cultura, pero cuando un tema les apasiona, deporte, cine, informática o música, lo conocen hasta el fondo, abastecidos por una información exhaustiva. Existen algunos síntomas que indican que ya tienes muy poco que ver con los nuevos jóvenes. Si sabes quién era Angela Channing, si has llegado a ver la tele en blanco y negro, si estás todavía con la marihuana o la cocaína y no con las drogas de diseño, si conociste a John Travolta sin tripa, si aún piensas en pesetas al hacer las cuentas, si tu sobrino sabe más que tú de ordenadores, si te cabreas porque tu hija deja el bote de champú abierto, si cuelgas la toalla en su sitio después de ducharte, si te acuerdas de Michael Jackson de cuando era negro, cualquiera de estas señales indican que comienzas a hacerte viejo.
 
Manuel Vicent

Obispos

No estaría de más que los obispos americanos invitaran a los obispos españoles a uno de esos tours de formación. En dicho tour de formación los prelados americanos mostrarían a sus homólogos españoles cómo la Iglesia puede, valiéndose de las nuevas técnicas de captación, aumentar el número de fieles y tenerlos seriamente comprometidos para que no sean cristianos de boquilla, sino que asuman con sus actos y sus aportaciones económicas la misión de hacer crecer la presencia de Dios en la tierra. Los profesionales de la fe americanos podrían disertar sobre cómo competir con otras fes igualmente populares y cómo aceptar que los creyentes, por casamiento o por pura veleidad, a veces se convierten al judaísmo, al budismo o a la cienciología. Para enfrentarse a la furiosa libre competencia las religiones han de ofrecer actualizados los consiguientes packs de vida eterna, consuelo al desdichado y templos donde los pastores sean flexibles en sus performances y adopten diferentes discursos según el público al que se dirijan. En los barrios populares se habla de drogas, embarazos no deseados y del peligro de las malas compañías. Todo esto aderezado con hostias o con rosquillas, qué importa. En las zonas pudientes se fomentan las donaciones, que alivian la mala conciencia y se ofrece aparcamiento gratuito (importante). Los obispos americanos explicarían a los nuestros que no hay razón para sentir inquietud si un país se define como laico o si la palabra de Dios no está presente en las escuelas públicas o hay materias de educación democrática. A nosotros, asegurarían, clientela no nos falta y eso que tuvimos el desagradable problemilla de los abusos. Tal vez sea ahí cuando esos obispos españoles, que aún no han aceptado que la fe es asunto de uso privado, reconozcan que su miedo a verse apartados de la escuela o su terror a perder la subvención estatal están provocados por la sospecha de que ese país en el que gozaron de la exclusiva del adoctrinamiento es menos beato de lo que ellos creían y eso les tiene desesperadamente aferrados a sus ya inexplicables privilegios. Gracias, claro, a una izquierda que nunca se atreve a ponerles en su sitio y a una derecha que hace poco los sacó en manifestación. O en procesión, como se diga.

 

Elvira Lindo

....

Mientras dejes que me sienta dueña de mi propia alma y en modo alguno prisionera te daré un triple dividendo, mi lealtad, mi confianza y mi afecto, los tres inseparables, como una arquera con mi amor, doy siempre mi amistad al mismo tiempo. Soy una idealista incurable, y te diré un secreto, me enamoré de ti cuando era pequeñita y le pedía a la luna nueva que me enviara a alguien. Hubo montones de veces en que me pareció que te había encontrado pero me desilusioné. Pero cuando por fin llegaste te reconocí al instante porque eras un apacible payaso con algunos sueños propios que me tomó de la mano y me mostró el camino que conduce a las estrellas..

Qué grande.....Sabina

Este adiós, no maquilla un "hasta luego",

Este nunca, no esconde un "ojalá",

Estas cenizas, no juegan con fuego,

Este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,

Esta letra no la protestaré,

Ahórrate el acuse de recibo

Estas vísperas, son las de después

A este ruído, tan huérfano de padre

No voy a permitirle que taladre

Un corazón, podrido de latir

Este pez ya no muere por tu boca

Este loco se va con otra loca

Estos ojos no lloran mas por ti.

Maldades

El anuncio de la ruptura oficial de la tregua por parte de la banda de asesinos pilló al jefe aparente de la desleal oposición con la casete antigua y el discurso rayado, se notaba que en la FAES estaban trabajando en ello, en la renovación del verbo sin perder las esencias, pero no llegaron a tiempo a la primera intervención. Por eso repitió don Mariano lo de basta de concesiones y cesiones. ¿No ve usted, señor Rajoy, la tarugada que surge de sus acicalados labios? ¿No entiende que si existieran tales mercedes, si el Gobierno hubiera accedido a proporcionar semejantes dádivas, la banda habríase dado por pelín satisfecha, continuando con la tregua que tan nerviosos puso a los de la calle Génova? ¿No se da cuenta de lo malignas que resultan sus exposiciones orales, así como las de sus correligionarios?

Ya que esta decisión de los terroristas les va a ustedes tan bien (vislumbran en el horizonte el regreso a la eterna Iberia que les es tan cómoda, la del enfrentamiento entre machos cabríos), al menos deberían mostrar, no sé, cierto gracejo. Vayan por ahí saludando como si acabaran de cortar las dos orejas y el rabo. Sí, ustedes, que han hecho lo imposible para entorpecer la razonable actitud del Gobierno -intentar acabar con la violencia por el diálogo: pero qué van a entender de dialogar-, ustedes tienen motivos sobrados para dar la vuelta al ruedo en los restaurantes del barrio de Salamanca, y en donde sea que se dedican a verter su bilis. Vamos a volver, vamos a volver. Ésa y no otra es su causa. No el fin del terrorismo, sino el fin del socialismo.

Es duro tener que admitirlo. Hay gente a la que esta ruptura alegra. Hay gente dispuesta a sacar ventaja. Es amargo tener que aceptar que esa gente, a la que tantos votan en muchas respetables zonas de nuestra geografía, va a seguir usando la sangre de las futuras víctimas en su carrera ciega hacia la recuperación del poder. Que el dios de los ateos nos asista como lo consigan, porque vienen con unas ganas que dan pánico.

Escribo en miércoles, no sé qué novedades habrán salido de las bocazas opositoras cuando ustedes lean esto. Pero me asustan tanto como las de la banda. Porque sus palabras también son muy malvadas.

 

Maruja Torres

Manuel Vicent

Este antiguo comunista, hoy arquitecto de éxito, un tipo elegante de pelo plateado, vive en una casa con jardín guardada por dos perros rottweiler, de orejas cercenadas. Cuando alguna visita, sobrecogida por los ladridos, le pregunta por qué vive protegido por ese par de asesinos, este antiguo progresista comenta: "El hombre nuevo, que anunció Lenin, se ha demorado. El mundo está lleno de maleantes". El domingo este arquitecto irá a votar montado en el todoterreno, en compañía de su mujer y de su hija, que acaba de llegar de una isla de la Polinesia donde ha practicado submarinismo y de un hijo becado en la Universidad de Arizona. Después, los cuatro, guapos y felices, con las mangas del jersey anudadas en el pecho, tomarán el aperitivo en una terraza antes de almorzar en un famoso restaurante japonés y por la tarde él se echará la siesta y luego esperará en su estudio el resultado de las elecciones oyendo una ópera de Verdi mientras analiza el proyecto de una nueva urbanización en la costa, de la que espera sacar una sustanciosa tajada que corone definitivamente su espléndida madurez. Este arquitecto ha salido indemne de dos casos de corrupción, aunque en su conciencia todo parece estar bien trabado. Ha evolucionado, eso es todo. Pero ayer mismo tuvo un encuentro inesperado que le devolvió todo su pasado a la memoria. Entró por casualidad en una librería donde trabaja como directora su primera novia, a la que no veía desde hacía muchos años. Se saludaron no sin cierto rubor; se analizaron durante unos segundos el fondo de la mirada y después de expresar su sorpresa decidieron tomar un café en el bar de la esquina. Habían envejecido cada uno a su manera, porque ella en el rostro aún conservaba aquella disposición juvenil, ahora renovada, que la había empujado siempre a apoyar las causas perdidas. Recordaron los viejos tiempos, su amor en el campus de la universidad, su viaje a Nicaragua cuando creían cambiar el mundo, la caída con otros camaradas que los llevó a la cárcel y todo lo que vino después hasta que se cada uno se fue por su lado. De pronto, guardaron silencio, ya no tenían nada que decirse, en la sonrisa congelada percibían la larga distancia que los separaba. Los dos sabían muy bien a quién iban a votar mañana, pero no hablaron de eso. Ella regresó a la librería y envolvió un libro de Pavese para un cliente. Él llegó a casa, les echó de comer a los perros y ellos lo agradecieron con una furia inocente, como sólo los perros muy peligrosos saben hacerlo.

El hombre

El hombre en cuyos mítines se gritaba Pujol, enano, habla castellano. El hombre que enseguida comenzó a hablar catalán en la intimidad. El hombre que casó a su hija en El Escorial. El hombre que se fotografiaba con puro, copa y pies encima de la mesa al lado del emperador del universo. El hombre cuya mirada competía en penetración, agudeza e ingenio con la de Bush. El hombre que al dar una rueda de prensa en tejano inspiró la mejor campaña antidrogas de la historia (así te ves tú, así te ven los demás). El hombre que al alba, con viento favorable, conquistó heroicamente la isla de Perejil. El hombre que se apuntó a una ocupación ilegal. El hombre que mirando a los españoles a los ojos aseguró: créanme, hay armas de destrucción masiva. El hombre que profetizó que aquella invasión criminal pacificaría la zona. El hombre que el 11-M, tras deducir lógicamente que el atentado era una respuesta a su apoyo a la guerra de Irak, mintió y mintió a los españoles, intoxicó a los directores de los periódicos y engañó a las cancillerías. El hombre que frente al mayor atentado de la historia de España no convocó el pacto antiterrorista. El hombre que montó una manifestación sin negociar el lema ni el lugar ni la hora. El hombre que tras la derrota del 14-M corrió a la tele para decir que él no había perdido las elecciones, porque el candidato era Rajoy. El hombre que se apuntó a la teoría de la conspiración. El hombre que en sede parlamentaria habló de desiertos y montañas (nevadas). El hombre del Movimiento de Liberación Nacional Vasco. El hombre del sabremos ser generosos. El hombre del terrorismo no se usa en la lucha partidista. El hombre del responsable de un atentado es el autor del atentado. El hombre del responsable de un atentado es Zapatero. El hombre que tras dejar el Gobierno se paseó por el mundo hablando mal de su país, como un embajador inverso. El hombre que de joven no se atrevió a llevar melena. El hombre que estuvo en contra de la Constitución y del divorcio y del aborto. El hombre de fuertes principios religiosos. El hombre al que nadie dice a qué velocidad se conduce ni cuántas copas se toman. El hombre que asegura que no votar al PP equivale a votar a ETA. El bodeguero mayor de Castilla. El marido de Ana Botella. El inspector de Hacienda. El hombre. Vuelve el hombre.
 
Juan José Millás
 
 

:)

Por la vida que me quede por delante y por las noches en las que abrazo a la luna
por momentos que guardé en alguna parte por mantener el equilibrio en mi locura
por contemplar amaneceres deslumbrantes por esperar desesperado mi futuro
por desbancar a prepotentes tan brillantes por no aguantar al bacilón que va de duro
Por suspirar cuando aparecen desengaños por confiar el alma a los desconfiados
por aguantar sin miedo el paso de los años, dar esperanza a los que están desesperados

Por eso canto, para ponerle más color a los llantos
por eso arriba, para ponerle más color a la vida
por liberar la libertad contenida

Por saber interpretar tantas miradas, romper el hielo con la gente, sin prejuicios
canalizar las situaciones complicadas, ser tolerante con nuestros pequeños vicios
Por no agobiarse con problemas cotidianos sentirse libre sin que constituya un crimen
tender la mano no sólo a los más cercanos, enamorarse cuando el corazón lo pide
Por perdonar tantos errores cometidos, por endulzar la vida de los amargados,
saber interpretar abrazos de un amigo, abrir los ojos de los que marchan cegados

Por eso canto, para ponerle más color a los llantos
por eso arriba, para ponerle más color a la vida
por liberar la libertad contenida , que es tuya y mía, que es tuya y mía

Por eso canto para ponerle más color a los llantos, por valorar maravillosos encantos
por liberar tensiones que amargan tanto
Por eso arriba para ponerle más color a la vida, por intertar hacer verdad esta mentira
por liberar la libertad contenida

Siguen mintiendo

La declaración como testigos del número dos de la policía en el momento de cometerse los atentados del 11-M, Pedro Díaz-Pintado, y del entonces comisario general de Información, Jesús de la Morena, ha dejado en evidencia que el Gobierno del Partido Popular manipuló la información sobre la autoría que le trasladó la cúpula policial a las pocas horas de la matanza. Si el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, se ocupó de llamar a los principales medios de comunicación para asegurar que el crimen era obra de ETA y el Ministerio de Asuntos Exteriores remitió a las embajadas instrucciones en el mismo sentido, el papel desempeñado por el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, consistió en mantener la ficción de que existían dos líneas de investigación abiertas cuando la policía ya había orillado la del terrorismo etarra. Fue la parte que le correspondió en esta mentira de Estado, como la calificó buena parte de la prensa extranjera, algunos de cuyos corresponsales también recibieron presiones para informar en la dirección que pretendía el Gobierno.

Siguiendo la misma estrategia que adoptó durante su comparecencia en la comisión de investigación parlamentaria sobre el 11-M, Acebes ha optado por fingir que la declaración de los dos responsables de la policía coincide con lo que él fue transmitiendo en sucesivas ruedas de prensa entre los días 11 y 13 de marzo. Es exactamente lo contrario, como atestiguan las imágenes grabadas y las hemerotecas. Acebes aseguró que el explosivo utilizado en los atentados era el habitual de ETA cuando ya sabía, porque así se lo comunicaron los responsables policiales, que ése era el único dato que debía descartarse. Tras el testimonio de Díaz-Pintado y De la Morena, la calculada ambigüedad que practicó Acebes durante las jornadas previas a las elecciones ha quedado despejada: los únicos indicios existentes a las pocas horas de cometerse los atentados conducían al terrorismo yihadista. De nada sirve que él y su partido continúen alimentando la ceremonia de la confusión, como ya hicieron entonces sin resultado.

Desde el PP se ha repetido que las responsabilidades políticas por la gestión que llevó a cabo desde el Gobierno entre el 11 y el 13 de marzo quedaron saldadas con las elecciones. Lo sorprendente es que algunos de sus dirigentes, como Díaz de Mera y ahora el propio Acebes, parezcan obstinados en contraer nuevas responsabilidades por la vía de seguir negando la evidencia de que lo que ellos dicen no coincide, sino que se contradice abiertamente, con la declaración de los dos mandos policiales. No les basta con haber mentido. Siguen mintiendo.

De Bea

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, la bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes,

ugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber

simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

Julio Cortázar, Rayuela

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Rajoy?

Es difícil hallar un propósito racional en la escalada de despropósitos en que se están metiendo los actuales dirigentes del PP. No tendría mayor importancia si sólo estuviera en juego su futuro político, que también lo está. Lo grave de la deriva que está tomando el que debiera ser el gran partido conservador español es que está afectando a las instituciones y al clima general, precisamente en un momento excepcional por los niveles de prosperidad, de bienestar y de madurez de la sociedad española. Se supone que el objetivo de esta política abrasiva, que está haciendo estragos en todos los sectores e instituciones, terminará después de las elecciones generales y con lo que sus estrategas calculan como un resultado adecuado a sus objetivos. Pero incluso este propósito es equivocado, además de irresponsable.

El PP ha elegido como terreno de enfrentamiento con el Gobierno el de la política antiterrorista, a veces cruzado con el de la cuestión territorial, como en Navarra, temas siempre propensos al desbordamiento emocional. Sin pararse ante las consecuencias que de ello pudieran derivarse para el sistema en su conjunto, la dirección del PP ha querido trasladar la división política suscitada por esos asuntos a todos los ámbitos, de la judicatura a los medios de comunicación, y la ha alentado y calentado desde la movilización callejera: es un comportamiento que suscita la preocupación de muchas personas.

No hay razón objetiva que permita comprender un despliegue semejante, con una situación económica muy favorable, que se manifiesta en la creación de empleo y avances sociales que hace poco eran impensables. ¿Basta la ruptura de la tregua por parte de ETA para explicar tanto catastrofismo? Desde luego, sería injusto minimizar la persistencia de la coacción terrorista y la desigualdad de condiciones en que sitúa a los vascos no nacionalistas: un problema de falta de libertad que interpela al conjunto de los demócratas españoles. Pero la situación en relación al terrorismo es incomparablemente menos dramática y más esperanzadora que casi cualquier otra en las últimas décadas; muy diferente, por ejemplo, de la que siguió a la ruptura de la anterior tregua, con ETA asesinando a una persona cada dos semanas y una media de 33 actos de violencia callejera al mes (en 2001).

Pese a ello, las referencias a ETA y a la política antiterrorista del Gobierno nunca habían estado tan cargadas de alarmismo. Barajas acabó con el alto el fuego anunciado hace un año, pero la prueba de que ETA y su brazo político carecen de alternativa es que Batasuna pidió enseguida la restauración de la tregua. Actitud cínica, sin duda, pero que habría sido inimaginable después de Argel o de Lizarra. Al elegir el tema del terrorismo como eje de su oposición al Gobierno, y llevar las divergencias a la calle, el PP sabe que dificulta las posibilidades de aprovechar la debilidad de ETA para propiciar su retirada pactada. Pero no retrocede ante ello. Rajoy sabe perfectamente que con ese tipo de oposición crea un cordón de desconfianza en la población que recorta el margen de Zapatero respecto a Batasuna y ETA.

Y hay una diferencia con otras actitudes críticas. Decisiones como la retirada por la fiscalía de la acusación contra Otegi son polémicas, y es lógico que susciten preocupación, como la expresada en el manifiesto que el viernes leyó Fernando Savater en un acto público. La discrepancia con decisiones del Gobierno durante los meses de alto el fuego, y la exigencia de firmeza en el futuro, especialmente respecto a las condiciones para la legalización de Batasuna, forman parte de la crítica necesaria. Son argumentos que, por ser racionales, permiten la discusión: para coincidir o para discrepar.

El desvarío a que ha llegado el presidente del PP y jefe de la oposición, Mariano Rajoy, en cambio, no puede ser más preocupante. ¿Rechaza el derecho a la crítica que ampara a cualquier ciudadano y, por supuesto, también a un empresario, aunque sea de medios de comunicación? ¿Se siente tan "enormemente ofendido" por el juicio que merece su actuación y le parece lo más normal repetir el mismo día que el Gobierno de España se dedica a actuar contra la ley? ¿Desconoce el nivel de bajeza y de insulto al que han llegado los medios de comunicación afines, y también cargos políticos de su partido, contra quienes disienten de sus criterios? ¿No se da cuenta de que mantener su amenaza le descalifica para siempre como candidato a formar Gobierno, en caso de que ganara las elecciones, pues forzosamente cabrá esperar peores actuaciones, ya con el Boletín Oficial en la mano, contra quienes disientan y le critiquen?

El habitual griterío de los parlamentarios del PP, impidiéndose a sí mismos escuchar las respuestas de Zapatero a sus preguntas en las sesiones de control, es todo un símbolo del estilo marrullero de oposición de ese partido. Es más fácil adjetivar (es decir, descalificar) que argumentar. Y boicotear a los medios de comunicación cuesta menos esfuerzo que refutar sus razones. España merece otra oposición. Los votantes y militantes del Partido Popular merecen otros dirigentes.

 

El País

El juez que no quiso que De Juana muriera entre rejas

El juez José Luis Castro es la única persona que pudo impedir la decisión del Gobierno de suavizar el régimen carcelario del etarra Iñaki de Juana Chaos. Pero no lo hizo porque entiende que la decisión "se ajusta a derecho" y, además, es una medida "humanitaria", explican fuentes de su entorno. La vida del sanguinario etarra peligraba y Castro tiene a gala que a él jamás se le ha muerto un interno entre rejas, sea quien sea. Permitir que De Juana cumpla en su casa de San Sebastián el año y medio que le resta de la condena de tres años que le impuso el Tribunal Supremo no es la decisión más difícil que ha tomado, pero sí la de mayor contestación social. El juez de Vigilancia Penitenciaria de los 3.342 presos condenados por la Audiencia Nacional huye del protagonismo mediático. Él es quien, en última instancia, decide si se progresa de grado a un terrorista (casi un tercio de sus internos), a un mafioso o a uno de los grandes narcos que tienen entre barrotes sus colegas.

Castro acaba de denegar la libertad condicional a un etarra porque no ha resarcido a sus víctimas

Es amante del cine alemán, de la literatura neorrealista italiana y disfruta con Unamuno

En los dos años que lleva al frente del juzgado de Vigilancia ha suavizado el régimen penitenciario, por ejemplo, del ex banquero Mario Conde, de Luis Roldán o del general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo. Pero no ha recibido "ni una sola propuesta" del Gobierno para que flexibilice la vida carcelaria de ningún etarra. Lo que sí ha hecho, por ejemplo, es denegar al etarra Andrés Michelena, en libertad condicional desde 2001, la posibilidad de que se presente los días 1 y 15 ante la Ertzaintza en Rentería, como le pedía el recluso alegando que está más cerca de su casa. Castro le ha comunicado por escrito que no porque fue en ese municipio guipuzcoano donde atentó contra un policía municipal. "Sería un escarnio para la familia de la víctima", argumenta el juez. Hace sólo unos días, el 27 de febrero, también denegó la libertad condicional a otro recluso vinculado a ETA. Vicente Sagredo Rivas quería la libertad condicional, pero el juez la ha rechazado porque no ve en él "una mínima voluntad de resarcir a sus víctimas". Uno de los requisitos de la Ley Penitenciaria para acceder al tercer grado o la libertad condicional es que el interno satisfaga económicamente a sus víctimas. Para este juez, disponer o no de dinero no puede ser un factor discriminatorio. A Castro le basta con que haya "voluntad manifiesta" de pagar. Sagredo mostró al juez su nómina (988 euros), que, con horas extra, se convierte en unos 1.300 euros al mes. El juez ha rechazado darle la libertad condicional porque ni siquiera "de forma simbólica" ha intentado este interno resarcir a sus víctimas. Y eso que la indemnización es baja y Sagredo vive con su madre.

Castro tiene dos hijos, está casado y nació en A Coruña hace 42 años. Su vida como juez ha estado casi siempre ligada a la vigilancia penitenciaria. No responde estereotipo de juez rudo y esquivo. Al contrario, sus colegas le definen "como una persona afable, trabajadora y buena gente". Es de los que, al menos un día por semana, atiende en su despacho las peticiones de las madres de los internos cuando no está visitando a los presos en las cárceles.

Es, además, una persona de convicciones religiosas, lo que envuelve sus palabras de un halo de praxis con tintes de utopía. José Luis Castro suele apelar a Dios con frecuencia en sus charlas con amigos. Le encanta leer. "Le gusta la literatura neorrealista italiana y le entusiasman el cine alemán y el fado portugués". También sublima las letras de Cortázar, Borges y Unamuno. Para él son los más grandes.

El dominico Francisco Villacorta, del convento de San Gregorio de Valladolid, conoce bien a José Luis Castro: "Recuerdo que acudía regularmente a visitar a los presos hospitalizados en el Clínico. Fue él quien impuso que los internos tuvieran el mismo horario de visitas que los enfermos normales del hospital". Según Villacorta, ya entonces tenía una obsesión: que no se le muriese ningún preso dentro de la cárcel. Una preocupación que le viene de sus primeros años como juez. En los noventa, los patios de las cárceles estaban llenos de personas esqueléticas y de ojos perdidos que deambulaban agónicas de una esquina a otra castigadas por el sida que diezmó las prisiones. Muchos murieron.

En 1997 dedicó varios fines de semana, provisto de una libreta y un bolígrafo, a visitar varios supermercados de Zamora y Salamanca y anotar los precios de productos alimenticios básicos (aceite, jabón, agua, atún, leche, galletas...). A su mesa habían llegado 150 cartas de internos del penal de Topas quejándose de precios abusivos en el economato. El fiscal le advirtió de que ese asunto no era competencia del juez de vigilancia. Pero Castro no le hizo caso y él mismo, con ayuda de algunos funcionarios, indagó las quejas. Y comprobó que los presos tenían razón: la misma marca de leche o el mismo tipo de atún, por ejemplo, eran bastante más caros en la cárcel que en la calle. Consciente de los paupérrimos bolsillos de los presos, redactó un auto, muy fundamentado, ordenando al director de la cárcel que los precios del economato se ajustasen en el futuro "a los que fijan los grandes almacenes de Salamanca y Zamora".

Castro es miembro de la asociación progresista y minoritaria en la carrera judicial Jueces para la Democracia. Como experto en Derecho Penitenciario, participó en la redacción de las normas cuyo incumplimiento en el caso De Juana se le echa en cara desde el PP. Es decir, que se ha permitido a este etarra cumplir en su casa la condena restante a pesar de que ni se ha arrepentido de sus 25 muertes ni ha tratado de resarcir a las víctimas. Ambos requisitos son necesarios para acceder a la libertad condicional o al tercer grado, pero no para acceder al segundo grado (que es el otorgado a De Juana) con aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Si el Gobierno hubiese pedido a Castro el tercer grado o la libertad condicional de De Juana, Castro "la habría denegado, porque el terrorista incumple esos requisitos", afirman las citadas fuentes.

Días antes de autorizar el traslado de De Juana a un hospital de San Sebastián, Castro se presentó en el hospital Doce de Octubre de Madrid (donde el etarra era alimentado por la fuerza tras 110 días en huelga de hambre) y habló con los tres médicos que le atienden, ajenos a Instituciones Penitenciarias. Los tres le dijeron que la posibilidad "de una muerte súbita" rondaba la vida del preso. Araceli, funcionaria del juzgado de Vigilancia 3 de la plaza de Castilla de Madrid, anterior destino de José Luis Castro, afirma: "Recuerdo que este juez resolvía en el mismo día, incluso desbordados de trabajo, las propuestas que llegaban al juzgado sobre internos que pedían la libertad condicional por enfermedad. A veces venía incluso por las tardes al juzgado para firmar un auto dando la libertad condicional a un preso agónico".

Castro es también el primer juez de España que autorizó a un preso a salir de permiso de la cárcel con un parche antidroga adosado al brazo. Si el interno consumía droga, el parche, que no podía retirarse, le delataba segando sus futuros permisos. Ahora, lleva días preocupado por la tormenta política que ha levantado su decisión, pero sigue convencido de que es una medida legal y humana. Al caso le viene al pelo un viejo probervio jurídico: Dura lex, sed lex.

Lo de ayer de vegüenza

El Partido Popular ha magnificado una decisión muy impopular pero de trascendencia limitada del Gobierno para convertirla en bandera de una movilización que trata de deslegitimar al presidente Zapatero. Rajoy lo adelantó al concluir que, tras haber cedido al chantaje de ETA, "ya no sirve" como presidente. En eso consiste básicamente la crisis política suscitada por el PP al llevar a la calle, en términos que han ido de la exageración a la abierta manipulación, la controversia suscitada por la decisión de conceder un régimen de prisión atenuada al preso etarra De Juana Chaos. En línea con esta declaración previa de caducidad de un Gobierno "que ya ha cedido", los manifestantes repitieron insistentemente las peticiones de dimisión del presidente del Gobierno y premiaron a Mariano Rajoy con aclamaciones como futuro presidente de la nación.

El hecho de que ese preso sea una de las personas más aborrecidas por los ciudadanos ha sido utilizado por el PP para sus fines propios. El discurso de ayer de Rajoy subrayó claramente alguno de esos fines. Unos, meridianamente claros, como la petición de que "el Gobierno rectifique" en el caso De Juana; otros más confusos y que pueden dar lugar a malentendidos, como esa afirmación grandilocuente de que "es hora de que los españoles hablen", el énfasis con que prometió que "nosotros haremos justicia" o esa descarada apropiación de símbolos, himnos e incluso de la misma idea de España. ¿Considera el presidente del PP que deben adelantarse las elecciones? En todo caso, el punto de partida de la argumentación de Rajoy estuvo teñida de un indisimulado juicio de intenciones. El presidente del PP dio por hecho compromisos y peajes con ETA que ni los hechos ni los indicios razonables confirman; que el Gobierno pretende embaucar a los ciudadanos "con una paz engañosa".

La manifestación de ayer es, por supuesto, legítima. Pero parece desmesurada en relación con el hecho que la motiva, que no es otro que modificar la situación penitenciaria de De Juana. Es muy probable que esa modificación no se habría producido sin el chantaje de la huelga de hambre y el peligro verosímil de fallecimiento; pero también sin otros condicionantes: si estuviera preso por sus 25 asesinatos y no por la imputación (de amenazas) con la que se trató de evitar su excarcelación tras cumplir la pena; y si el Gobierno no tuviera mala conciencia por haber cedido a la presión de buscar un pretexto para evitar esa excarcelación. El Gobierno tuvo que elegir entre dos males. De Juana había amenazado con dejarse morir si no era puesto en libertad, y de ello se habrían derivado efectos que habría sido irresponsable no ponderar. Acceder a su exigencia era impensable, pero no lo era buscar alguna medida entre las que la ley permite que pudiera hacerle desistir (por presión familiar u otros motivos), como la prisión atenuada.

Pudo ser un error (es imposible comprobarlo porque desconocemos los efectos de la otra mala opción), pero en ningún caso de tal magnitud que justifique la crisis provocada por el PP. Si Rajoy quiere "una política antiterrorista seria", como anunció ayer en la plaza de Colón, debería hacer realidad su deseo de tender la mano al Gobierno sin que ese apoyo necesario en favor de la firmeza que busca esté condicionado a que el PP marque la política antiterrorista.

Rajoy insistió ayer en que, como consecuencia de la movilización, el Gobierno tiene que anular la decisión de prisión atenuada de De Juana y volver a la política antiterrorista de derrota y no negociación con ETA. Es una forma demagógica de plantear las cosas. El PSOE rechazó participar en la movilización "por la paz y el diálogo" que quería convocar Ibarretxe. No hay final dialogado de ETA sin derrota de la banda, es decir, sin renuncia a contrapartidas políticas. Y Batasuna no participará en las elecciones sin desvinculación verificable de ETA, según reiteradas manifestaciones del presidente y la vicepresidenta. No debería haber inconveniente en reiterar esos principios en la comparecencia del ministro de Interior prevista para el martes (y mejor si es Zapatero quien asume la defensa de la política antiterrorista del Gobierno). Se comprende la prudencia ante la ambigua situación actual (con ETA diciendo que sigue el alto el fuego), y también la irritación ante la mala fe de las sospechas sembradas por el PP; pero eso no debe impedir dar explicaciones. Sin necesidad de establecer comparaciones con situaciones del pasado, hay argumentos para justificar las medidas sobre De Juana y para defender una política antiterrorista menos simple que lo que cabe en una pancarta.

El Mal Menor

Es más fácil criticar lo que deciden otros que decidir cuando lo que se decide supone optar entre dos males. El ministro Rubalcaba asumió ayer la responsabilidad de conceder al recluso De Juana Chaos, en huelga de hambre desde noviembre, un régimen penitenciario equivalente al de prisión atenuada que le permitirá cumplir en su domicilio la parte de la condena de tres años por un delito de amenazas que tiene pendiente.

Se trata de una decisión muy impopular. Lo son todas las decisiones favorables a los etarras condenados por asesinato; mucho más las relativas a este preso, responsable de 25 muertes y autor de comentarios repugnantes sobre el placer que le producían determinados crímenes de ETA. Al decidir lo que ha decidido, Rubalcaba asume esa carga de impopularidad, reforzada por movilizaciones como la de la semana pasada de la AVT. El ministro explicó ayer sus razones. Lo hizo de manera algo sesgada, pero con argumentos de peso; y con el valor moral necesario para ir contracorriente en una cuestión cargada de emotividad a flor de piel.

Dijo el ministro haber tomado la decisión por razones legales y humanitarias. La ley no obliga a atenuar la prisión de De Juana, por lo que sería más exacto decir que la decisión entra dentro de lo que la ley permite, y aun esto con una interpretación favorable. Es esa interpretación la que encuentra su justificación en razones humanitarias. Es cierto que la situación de peligro de muerte en que se pone un recluso en huelga de hambre no puede equipararse a la del preso con una enfermedad terminal al que se concede el régimen abierto por presumírsele "escasa peligrosidad". Pero el riesgo para la vida de De Juana es real, según los médicos, y ello aconsejaba, según el ministro, aplicar el artículo del reglamento penitenciario que permite una flexibilización, en ciertas circunstancias, de la estricta clasificación en grados, combinando medidas de cada uno de los tres previstos en esa norma.

El dilema planteado, la elección entre dos males, no deriva de la flexibilidad en la aplicación de las normas, sino del hecho de que la decisión aparezca como respuesta al pulso planteado con la huelga de hambre. Según Acebes, el Gobierno ha cedido a ese chantaje, humillando a las víctimas de De Juana. Son palabras mayores. Muy posiblemente la medida no se habría adoptado sin el chantaje de muerte voluntaria. No hay por qué disimular esa realidad. Sin embargo, cualquiera que hubiera sido la solución habría tenido consecuencias indeseables, y tal vez los mismos que critican la adoptada habrían criticado también una que pasase por la muerte del preso en la cárcel, con efectos fáciles de imaginar.

El Estado, responsable de la vida de los presos bajo su custodia, estaba obligado a evitar la muerte, si había la posibilidad de hacerlo en los márgenes de la ley. Así lo recordaba ayer, en un auto muy medido de respaldo a la medida, el juez central de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional. Por otra parte, lo que se ha decidido no afecta al cumplimiento íntegro de la condena, que se mantiene, sino a las condiciones de cumplimiento de lo que resta de ella: 18 meses. Y la decisión no tiene nada que ver con la condena por los 25 asesinatos, que De Juana ya cumplió tras 18 años en prisión. Se trata del último preso de ETA que ha podido beneficiarse del antiguo sistema de redención por el trabajo, ya suprimido.

Ex Aznar

El ex presidente Aznar acaba de reconocer (dos años después de que lo hiciera Bush) que en Irak no había armas de destrucción masiva en víspera de la invasión de ese país. Es cierto que es más fácil saberlo ahora que entonces, pero ello no justifica el tonillo sarcástico con que el presidente de honor del Partido Popular intentó sacudirse la responsabilidad: "Tengo el problema de no haber sido tan listo de haberlo sabido" entonces, "cuando nadie lo sabía".

Efectivamente, nadie podía estar seguro de si había o no tales armas en 2003, entre otras cosas porque constaba que Sadam Husein las había poseído en los años noventa. Ésa es la razón de que las personas prudentes y los gobiernos responsables fueran partidarias de que los inspectores de la ONU, que compartían esas dudas, siguieran investigando antes de que se tomase una decisión tan grave como la de invadir un país con el resultado probable de miles de muertos.

Aznar no sólo no dudó, sino que se prestó a respaldar esa aventura ante la opinión pública española (muy mayoritariamente opuesta) e internacional. No lo hizo entonces con el tonillo sarcástico de ahora, sino con gravedad y pidiendo (en el Congreso y en recordadas entrevistas en televisión) ser creído bajo palabra. Si la comprometió por haber sido engañado por la Administración norteamericana, hace tiempo que debió haber pedido explicaciones a Bush (y a Powell, que declaró en la ONU tener pruebas fehacientes). En lugar de eso, lo que hizo fue declararse "avergonzado" (nueve días después de abandonar La Moncloa) por la decisión de su sucesor de retirar las tropas españolas.

Hoy está claro que, como sostiene Richard Clarke, ex asesor de varios presidentes, entre ellos Bush padre e hijo en política antiterrorista, primero se decidió ir a la guerra, atacando Irak, y después se buscaron argumentos para justificarla. El papel de Aznar fue el de avalista de Bush, comprometiendo a España en un desastre cuyas dimensiones son hoy demasiado evidentes como para hacer bromas con aquella decisión.

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...*PERO SUCEDE TAMBIÉN, QUE SIN SABER CÓMO NI CUANDO,ALGO TE ERIZA LA PIEL Y TE RESCATA DEL NAUFRAGIO*...

ETA tiene la culpa

ETA reanudó ayer el único e intolerante discurso que ha exhibido en sus cuatro décadas de existencia: el terror. La furgoneta bomba que estalló en una de las plantas de la nueva terminal del aeropuerto madrileño de Barajas causó, por la información disponible al cierre de esta edición, dos desaparecidos, varios heridos leves y serios destrozos en las instalaciones, así como el caos más absoluto durante las horas que estuvo suspendido el tráfico aéreo. Con este atentado, la banda rompe el alto el fuego que anunció hace nueve meses, lo que obligó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a suspender cualquier iniciativa de diálogo con ella, en cumplimiento de la resolución aprobada en el Congreso el pasado mes de junio.

Así lo anunció el propio presidente en una comparecencia pública en la que, además, consideró que la acción de ETA era "el paso más equivocado e inútil que han podido dar los terroristas". La resolución del Congreso establecía como condición para cualquier diálogo la voluntad inequívoca de abandonar la violencia. La organización dejó ayer bien claro, con un atentado gravísimo -se emplearon unos 200 kilos de material explosivo- en uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, que su camino es el del terror y el miedo. Se trata, una vez más, del reconocimiento de su impotencia.

Lo sucedido ayer sólo tiene un culpable: ETA. Frente al anacronismo de un grupo de terroristas convencidos de que es posible fraguar su proyecto político sobre el dolor y la sangre, la democracia debe contraponer la unidad de todas las fuerzas democráticas, el apoyo de todas ellas al Gobierno en los momentos de mayor dificultad, la fortaleza de las instituciones y la firmeza del Estado frente a los violentos. Zapatero anunció ayer la busca y captura, para su entrega a la justicia, de los autores del atentado. No podía ser de otra manera.

La dirección de la lucha antiterrorista es responsabilidad del Gobierno. A él, en particular a su presidente, corresponde decidir el camino a seguir. Para ello cuenta con el mandato del Parlamento. Lo peor que podría suceder en este momento es que las rencillas partidistas y el egoísmo de vuelo corto hicieran aún más fácil el objetivo de la banda de desgastar y debilitar el Ejecutivo.

La acción de Barajas pilló desprevenido al Gobierno, según reconoció el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y se produjo un día después de que el presidente Zapatero manifestara su optimismo por la marcha del proceso para el fin de ETA. No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo político, pero, pese a que la crítica a la labor de cualquier Gobierno es necesaria en los sistemas democráticos, no parece éste el momento más adecuado para reproches estériles.

ETA ha modificado con este atentado su tradicional ritual de anunciar mediante un comunicado la ruptura de una tregua, como ya sucedió con las de 1989 y 1998. En esta ocasión, con la bomba de Barajas, la banda parece querer forzar al Gobierno hacia una ruptura del proceso para la paz que le permita librarse de culpas y justificar posteriores acciones violentas. De nuevo es una estrategia suicida e insensata. No sólo porque camina por encima del dolor de las víctimas y el terror de los ciudadanos, sino también por la frustración que provoca en la gente, incluida la izquierda abertzale, parte de la cual había depositado en este alto el fuego permanente fundadas esperanzas de alcanzar, en el plazo que fuera necesario, la paz que ansía este país.

Desgraciadamente, Batasuna volvió ayer a decepcionar con un discurso alejado de la realidad. Su máximo dirigente, Arnaldo Otegi, se refugió en la solidaridad con las víctimas del atentado de Madrid y en una llamada al sosiego y a la responsabilidad para evitar la condena de lo sucedido. La falta de liderazgo en la formación abertzale, justo lo que más se necesita en estos momentos difíciles, ha convertido en papel mojado el famoso discurso de Anoeta, en noviembre de 2004, en el que abogaba por las vías políticas en lugar de las pistolas. Poco queda de aquello.

No basta con anunciar nuevas iniciativas para mantener vivo un proceso que, según dijo el propio Otegi, no está roto, o con afirmar que lo sucedido en Barajas no devuelve la situación en el País Vasco a los momentos previos al anuncio del alto el fuego permanente. El argumento utilizado por el líder de Batasuna de que la izquierda abertzale lleva meses advirtiendo de los obstáculos que sufre el diálogo para el fin de la violencia resulta un sarcasmo trágico cuando la consecuencia de ello son 200 kilos de explosivos en una zona tan concurrida como la nueva terminal de Barajas. Otegi debe responderse a sí mismo, y a todos aquellos que se lo reclaman, si tiene el coraje y apoyos suficientes para desmarcarse de la violencia. Es la hora de la valentía. Los cobardes viajan con dinamita.

En Navidad

Para que todos los días sean Navidad
para que cada deseo se haga realidad
para que el mundo sonría al despertar
para que se abra la puerta y no se cierre más

Para que el cielo se vista de color... en navidad
para que lluevan semillas del amor... en navidad
para que alfombres los campos con tu olor en navidad
para que cantes con más de una canción...

Para que llenes de luz la oscuridad... en navidad
para que nunca te canses de volar... en navidad
para que el día te enseñe la verdad... en navidad
para que el viento te silbe al caminar.

Para que siembres cosechas de ilusión... en navidad
para que todo sea un solo corazón... en navidad
para que el frío se llene de calor... en navidad
para que no me equivoque de canción

Para que todos los días sean navidad
para que nunca te canses de volar
para que el mundo sonría al despertar
para que se abra la puerta y no se cierre más